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TRAVESÍA DE LOS CIRCOS |
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Travesía de los circos - Sierra Nevada.
Para qué vamos a negarlo, realizar una acampada nos sigue ilusionando igual que hace treinta años, la emoción mientras hacemos la mochila, las mismas dudas de siempre sobre qué meter dentro, lo que sacamos una vez sopesada, los momentos mágicos de transición entre el día y la noche, pues eso, que es una actividad que nos gusta y rejuvenece. Al equipo “habitual” nos acompañan hoy varios amigos, Antonio, Cristina y El Rubio, que aparece y desaparece de la peña como el Guadiana, viene, se da un palizón y se evapora por un tiempo, sin que sepamos a que obedecen esas pasiones montañeras intermitentes.
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Salimos temprano, para coger el primer autobús que desde Pradollano sube hasta las posiciones del Veleta, Maribel, la amable guía del parque nos habla sobre las plantas endémicas de Sierra Nevada y recuerda aquello de “no den de comer a los animales” que aprendimos de pequeños gracias a los dibujos animados del oso Yogui.
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Iniciamos el descenso al corral del Veleta por el Veredón, debe llamarse así por la magnificencia de las vistas, por su trazado inverosímil, cuando ganamos distancia parece imposible que ese muro pueda surcarlo una senda transitable.
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No le quitamos ojo al corredor o “couloir” del Veleta, empinada rampa que en condiciones de nieve es una de las actividades de alpinismo invernal mas atractivas de Sierra Nevada, le estuvimos “tomando las medidas” para el próximo invierno. Después de una dura subida, alcanzamos el collado de Veta Grande que nos regala un magnífico panorama de las caras norte de las montañas, allí nos quedamos un buen rato contemplando el paisaje y reconociendo los picos.
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Descendimos por otra magnífica vereda hasta el Corral de Valdeinfiernos, allí estuvo evocando Romualdo cuando a sus 19 años les sorprendió una ventisca mientras se dirigía al desaparecido refugio de Rio Seco de vuelta del Tosal del Cartujo, intentando protegerse de la ventisca y con la poca luz del anochecer resbaló en una placa de hielo y cayó dando tumbos montaña abajo con tan buena fortuna que aterrizó en una hondonada llena de nieve polvo. Milagrosamente no se rompió nada, a pesar de los dos centenares de metros descendidos y gracias a que no perdió la mochila que quedó sujeta sólo por el cinturón pudo sacar el saco y vivaquear esa noche. Su compañero que prácticamente le dio por muerto también paso la noche a la fresca, hasta que al día siguiente llegó al refugio donde esperaban otros amigos que rápidamente salieron en su busca y rescate. Pero de eso hace ya muchos años y esa y otras muchas heridas las ha cicatrizado ya la vida, el tiempo hace que ahora podamos disfrutar con su recuerdo.
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A la laguna Larga llegamos poco después, un enclave precioso para acampar pues está recogido, tiene agua y prado para descansar, como era pronto, repostamos bastante agua, pues este ha sido un año muy seco y vamos a tener pocas oportunidades de repostar, comimos algo y continuamos la marcha.
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La subida hasta el pico Juego de Bolos fue dura, pero las vistas de las caras norte del Mulhacén y la Alcazaba compensan con creces el esfuerzo, desde allí estudiamos varios itinerarios que tenemos en proyecto.
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Descendimos al collado del Ciervo, dejamos las mochilas, al Rubio vigilándolas, a Vicente vigilando al Rubio y nos dirigimos a la cumbre del Mulhacén que aunque hemos subido unas cuantas veces nos sigue invitando a alcanzarla una y otra vez.
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La discusión del día fue elegir el sitio para vivaquear, el refugio de la Caldera no obtuvo ningún voto, pues suele estar saturado, la cumbre tuvo pocas opciones. Finalmente ganó la propuesta de unas corraletas que vimos desde la cima al sur del refugio de la Caldera cerca de unos lagunillos, donde además teníamos que repostar necesariamente agua pues habíamos agotado la que llevábamos.
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Los lagunillos los encontramos llenos de algas y con el agua estancada, Nos costó encontrar un borreguil en que corriese algo de agua, con un hilillo que salía fuimos llenando poco a poco las cantimploras con algo de aprensión. Las pastillas potabilizadoras que les pusimos disiparon algo nuestros recelos.
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Parte del encanto de la montaña, la tiene también que recuperas un horario infantil, sino ¿Qué haces a las 9 y media acostado? Con la puesta del sol en la alta montaña la temperatura desciende en picado y los veintitantos grados del día se convierten pronto en menos de una docena, a pesar de estar en pleno verano, así que ¿Dónde se está mejor que dentro del saco?
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Dormí estupendamente gracias a la nueva esterilla hinchable recién estrenada y a que a los roncadores los mandamos al corralito norte, distante unos metros del nuestro pero a tiro de piedra.
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La vuelta la realizamos tranquilamente, pues coincidimos en fecha con la subida al Veleta en bicicleta, por lo que presumimos que no podríamos abandonar Pradollano hasta la tarde.
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El equipo CSF “habitual” tomamos la senda que pasa por encima de la Caldera y el “invitado” la pista de Capileira. Nos juntamos a la altura de las lagunas de Río Seco, poco después volvimos a tomar caminos distintos, nosotros fuimos por el paso de los Guías, equipado con una cadena, que permite acortar un buen trozo de la pista.
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En el refugio de la Carihuela nos volvimos a reunir para volver a separarnos otra vez más, en ésta sólo dos ascendimos a la cumbre del Veleta, de escaso interés montañero por llegar casi hasta la misma una carretera asfaltada, con un gran trajín de ciclistas ese día. Preferimos esa opción a esperar en un bar de Pradollano a que terminase la prueba ciclista.
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En el recorrido final hasta Los Albergues pudimos compartir tramos con esforzados ciclistas populares “de toda edad y condición”, los que subían alegres aparentemente sin gran esfuerzo hasta los que casi se arrastraban, los ánimos que daban los que bajaban a los que todavía subían “sólo quedan un par de vueltas” y faltaban todavía un montón. Dedicamos desde aquí nuestra admiración por un ciclista que subía a pesar de tener una sola pierna, fuerza de voluntad como esa son las que mueven el mundo.
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Cuando llegamos, nuestros compañeros ya habían agotado toda la cerveza del bar, así que nos subimos al coche y regresamos a casa pensando en la próxima y deleitándonos con las imágenes y momentos vividos.
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Excursión realizada los días 23 y 24 de julio 2005. Distancia recorrida, 11 km. el primer día, 14 el segundo.
Bibliografía Juan José Alonso (2003), Excursiones por Sierra Nevada. Ed. Desnivel pp.122-125 Mapa “Sierra Nevada”, Editorial Alpina.
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