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TRIATLÓN DE LA SAGRA
 



 

Cuando especulamos sobre qué haríamos si no tuviésemos que trabajar para vivir, solemos pensar en dedicarnos en exclusiva a la montaña, pasear en bicicleta (también de montaña, como no), viajar y comer, lo de beber no lo cuento por no dar mal ejemplo a los menores que nos lean.
Pues bien cuando me propusieron la presente aventura casi no me la podía creer, era como probar el sueño de dedicarte a las actividades que mas me gustan, pero por un día, algo por otro lado al alcance casi de cualquiera.
La propuesta del triatlón fue en estos términos:
1) Subir la Sagra andando.
2) Seguidamente darle la vuelta en bicicleta.
3) Comilona “ad limitum” en el restaurante Collados de la Sagra.
Por supuesto siguiendo el estilo CSF, actividades no competitivas pero marchosas.


 



 

Cuando me enteré además del palmarés de algunos de los participantes, tuve algunas dudas del fregado en el que me estaba metiendo. Paco Martín acababa de coronar nada menos que el Cho-Oyu, Manolo “El Yeclano” una máquina de las carreras de montaña, escalador y también ochomilista, Antonio “El Pintor” que ya conocía de Monteperdido, que aunque subir montañas no es su fuerte, en la BTT se funde a todos los veinteañeros de su peña, finalmente Romualdo no tiene rival conocido en la tercera prueba.
La concentración fue a las 10 de la noche, después de las presentaciones cenamos como reyes y bebimos como… bueno, moderadamente que la diana era a las 4,30 de la mañana.
Nos habían dejado preparado un magnífico desayuno y poco después salimos hacia la cumbre con un magnífico cielo estrellado y una temperatura muy agradable.


 



 

A pesar de la oscuridad, Romualdo nos guió con precisión -conoce la Sagra como el pasillo de su casa-, hasta el collado de las víboras, donde la claridad ya nos permitió apagar los frontales, desde aquí, la ruta ya es evidente hasta la cumbre.


 



 



 

Cuando llegamos a la cresta, la montaña nos recibió con su clima habitual, viento fuerte y helado que nos obligó a abrigarnos y a no entretenernos en la cumbre a la que llegamos en 2 horas, mas que para hacer la foto de rigor.


 



 

El descenso lo hicimos “surfeando” por la pedrera de la cara norte, se bajan 500 metros de desnivel en menos de media hora, aunque la primera parte, acusa ya el deterioro de tanta bajada y está ya muy pelada de piedras, lo que facilita los resbalones y le da un poco mas de emoción.


 



 

Al hotel entramos 1,5 hora después de hacer cumbre, 3 horas y media en subir y bajar no está nada mal.
Como no teníamos que competir con nadie, nos duchamos, cambiamos de ropa y desayunamos unos bocatas de jamón y queso que los más cobardes regamos con zumo de naranja y los más audaces con Alambra Reserva. “A patir a Bosnia” **.


 



 

Así que el tránsito de la marcha a la BTT no fue para tirar cohetes, tardamos casi una hora, pero finalmente salimos cabalgando en nuestras monturas.
No habíamos pedaleado ni dos kilómetros cuando Paco se dio el primer leñazo de la mañana, un buen golpe y todo el brazo pelado, si el Cho-Oyu no pudo con él casi lo descabalga la Sagra, afortunadamente no fue nada grave y seguimos la marcha con tanta fortuna que elegimos el mismo día que una excavadora que cortaba el camino para poner tubos, como además madrugó más que nosotros, tuvimos que saltar una docena larga de zanjas, lo que ocasionó alguna que otra caída.


 



 

El paso junto a una ganadería de toros estiró el pelotón, nadie se entretuvo a comprobar si los toros eran bravos o mansos.


 



 

Las últimas cuestas –las más duras- nos hicieron empujar las bicis a los más cansados y algún que otro pinchazo ayudó a agrupar a la peña.
Finalmente llegamos por segunda vez al hotel unas 3 horas después de la salida y ya sólo quedaba la prueba más selectiva: la comida.


 



 

Otra ducha, cambio de ropa de trabajo, recogida de trastos y felices y hambrientos llegamos al restaurante, pensando que la tercera prueba iba a ser un paseo al lado de lo que ya habíamos pasado.

Después de los primeros entrantes y cervezas para aplacar la sed, continuamos con una mágnum de Campillo Reserva, censurado en esta web por exceder la cotización autorizada en la enoteca CSF pero que por ser el día que era y sin que sirva de precedente homologamos de urgencia para la ocasión, se merece un monumento.


 



 

Los platos fueron pasando uno detrás de otro para regocijo y deleite de los comensales, cuando ya creímos haber terminado, pues estábamos a reventar, apareció ante nuestros ojos una bandeja monumental con una de las especialidades de la casa: “Perlas de la Sagra”, que son exquisitas piernas de cordero al horno, tan tiernas que se deshacen en la boca, aquí la prueba rozó el límite y se produjeron un par de lamentables abandonos.


 



 

Necesitamos algo de tiempo para hacer hueco a los postres, que pusieron el punto final a la tercera y definitiva prueba.


 



 

Agradecer al hotel y restaurante Collados de la Sagra las facilidades y atenciones prestadas y me queda la reflexión de si todos los días fuesen así no iba a durar mucho, menos mal que por ahora tendré que seguir trabajando…


 



Los datos

Distancia recorrida 41,5 Km, tiempo empleado 7h02’
Desnivel acumulado de subida 1699 m, de bajada 1789