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BENAGÉBER 2005 |
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De nuevo José Rochina toma el desafío de organizar, un año más, la fiesta de la piragua. BENAGEBER 2005.
Este año CSF ni se plantea asistir a la bajada del río Turia, pero nos informan, los que sí lo hicieron, que resultó muy agradable y en todo momento Rafa y sus compañeros estuvieron pendientes de todo y lograron que, los inexpertos, se los pasaran estupendamente.
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Todavía recordamos las malas condiciones del río el año pasado y la ilusión y el valor de los que decidieron hacer el descenso.
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Recordamos, entre ellos, al amigo Pepe Bernabeu. Fue la última vez que coincidimos con nuestros kayaks, él decidió descender el Turia, donde le hicimos esta instantánea. Pepe, en CSF estamos seguros que, mientras navegas por nuevos mares nos llevas, a todos, en tu corazón. Nosotros siempre te llevamos en el nuestro.
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Nos concentramos a las 12 de la mañana en la orilla del embalse con la sana intención de llegar hasta la desembocadura del río Turia. Son 36 Km. los que nos esperan. Después de cargar comida y bebida suficientes, 15 palistas emprendemos la travesía. El domingo resulta ser un día perfecto, sol y ausencia de viento. Tardamos un par de horas en recorrer 2/3 del pantano. Vamos tranquilos, recreándonos en los paisajes, agrestes. Formaciones de violentos farallones que surgen de un agua transparente, limpia. Vemos los fondos sin esfuerzo, están repletos de barbos, black bass….
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En la orilla hay oscuros agujeros que ha ido produciendo la lenta labor del viento y el agua, Entramos, curiosos y precavidos. El juego de luz y color es impactante. Isabel nos realiza una preciosa foto antes de que un trozo de roca, que se suelta, la haga caer al agua y con ella nuestra cámara digital. Nos ha servido bien. Menos mal que las fotos hasta ese momento se salvan.
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Después de una opípara comida y un merecido descanso se forman dos grupos. El primero decide volver, a lo que sin duda influye la bota de vino que Glenn ofrece generosamente a los comensales. El segundo toma rumbo a le desembocadura del Turia. Acertada decisión. Subiendo hacia el río el cañón se encajona. Nos salen bandadas de garzas reales, y, con el silencio roto de nuestra embarcación, vamos espantando a los patos salvajes, que emprenden vuelo de forma desordenada. Es uno de los parajes más bellos de todo el pantano. Hay un momento que remontas la corriente…y seguimos río arriba. Sólo nos detenemos cuando empezamos a golpear la punta de nuestras palas contra los fondos, poco profundos, del río.
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Después de la foto de rigor, nos dejamos llevar por la suave corriente. Y, en su silencio, podemos escuchar los sonidos del río. Entre ellos llama nuestra atención el escandaloso chup-chup que producen cientos de peces mientras comen.
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La vuelta la realizamos con tranquilidad. Nos da tiempo de investigar uno de los arroyos que ayudan al Turia a colmar el pantano. Descubrimos en su orilla huellas de cabra montesa y apenas llegamos a vislumbrar la rápida huida de un hermoso galápago. La excursión nos depara una agradable sorpresa. Un fresco manantial se despeña por un roquedo…y bebemos.
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De vuelta recogemos el material y: al albergue. Este año tenemos un agradable apartamento. Nos damos una reconfortante ducha y, después de acicalarnos, nos vamos a cenar a la fantástica barbacoa que ha organizado Glenn a la orilla del pantano. Morcillitas, chorizo, longaniza, las chuletas, y….mucho vino.
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Cerca, la organización, había montado el escenario para los conciertos de la noche. El primer grupo se llamaba “Una Mala Tarde” y nos dio una buena noche, tocaron muy bien y disfrutamos de su música mientras nos deleitábamos, en una pantalla gigante, con imágenes espectaculares de kayaks de travesía jugando con las olas. Al segundo grupo no llegamos, el cansancio de las casi 7 horas de pantano y, sobre todo, el vino y el magnífico orujo de Arturo, nos obligaron a retirarnos antes de que acabara la fiesta.
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El lunes amaneció nublado y gris. Fuertes rachas de viento peinaban la encrespada superficie del pantano, creando pequeñas e incómodas olas con blancas coronas. Sólo salieron los viciosos. Tuvieron suerte. A la media hora el viento cesó, y, el paseo por el pantano fue muy agradable.
Al volver nos estaba esperando José Rochina con su ya famosa “paella de pollastre y garrafó”. Hubo felicitaciones para las cocineras. Comimos muy a gusto y, algunos afortunados se llevaron de regreso algunos de los muchos regalos que se sortearon.
Felicidades pues a la organización que una vez mas se ha superado.
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