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SORPRESA EN LA II TRAVESÍA DE INVIERNO KAYAK ALTEA
 

Puerto de Calpe 8:30 AM. 




 

Isabel de Palesimar Altea coordinó, a la perfección, la travesía en kayak que, esta vez, tenía dos salidas, una desde el club náutico de Calpe, para los más veteranos y otra desde el apacible puerto Mar y Montaña, para los que quería hacer un corto paseo o probar esta fantástica actividad por vez primera.

La sorpresa fue que de 34 apuntados sólo aparecieron 11. La predicción meteo no fue buena durante los días previos al evento y muchos de los inscritos, demostrando ignorancia y cobardía, tomaron la errónea decisión de no asistir. Hay que entender que cuando una persona se toma el enorme trabajo y esfuerzo personal de organizar un evento de esta magnitud, conseguir que nadie pague un duro, y además tiene la deferencia de contar con uno, lo menos que se puede hacer es ir y aparecer. Y si el tiempo es malo pues compartirlo con tus colegas de pala, conversando, contando historias y saboreando una humeante taza de café y una buena tostada con mantequilla y mermelada mientras ves a través de la ventana, como, fuera, cae la lluvia sobra la mar. Tampoco es mal plan, ¿no?


 



 

La salida desde Calpe sólo la tomaron Arturo y Antonio, fieles al espíritu de CSF y a la cita con Isabel. Salieron con el cielo nublado y con el mar rizado por una ligera brisa que, poco a poco, fue desapareciendo dejando un mar apacible y sosegado. Después de visitar los imponentes acantilados del Peñón de Ifach tomaron rumbo al morro de Toix siempre escoltados de lejos por la zodiac de rescate puesta por la organización.


 
En los acantilados del Mascarat pudieron observar los antiguos puestos de pesca, ya en desuso, que utilizaba la gente del lugar. Muchos de ellos aéreos y con un acceso tan difícil y peligroso que en algún caso costó la vida del pescador. También pasaron por encima de la desembocadura de un río de agua dulce, que desemboca en el mar por una gruta sumergida y que crea extrañas corrientes en la superficie debido a las diferentes densidades de las aguas del río y del mar. 
Siguieron rumbo W y, después de atravesar el espigón del club náutico de Campomanes y visitar la bella isla de la Olla pusieron rumbo al puerto de Altea frente al cual, media hora después, alcanzaron al resto de los participantes que habían partido del puerto Mar y Montaña, para finalizar juntos la travesía. 



 

El regreso a por los coches fue otra aventura. Se tenía previsto realizar el trayecto por mar con la zodiac pero nada más embarcar se observó que el barco hacía agua y, ante el riesgo de hundimiento, se opto por su abandono. Hubo que volver con el método tradicional, solicitando a algún conocido con vehículo que les llevara. Menos mal que apareció Glen y les hizo el traslado compensando, un poco, el no haber venido a palear ese día.
Ya todos de vuelta en Altea compartieron un sabrosísimo arroz de pescado en el restaurante del Náutico.


 
 



 

También esta vez vamos a recordar a los amigos que, creyendo que iba a hacer mal tiempo y sabiendo que había que madrugar se quedaron en sus casas perdiéndose una mañana de mar, sol y buena compañía. Pedro estoy pensando en ti.

Debéis saber que al final el mar regaló su cara amable y el sol, correspondiendo, lo iluminó…