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VII TRAVESÍA DE INVIERNO |
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El 30 de enero de 2005 se celebró la VIII travesía de invierno que hizo honor a su nombre: INVIERNO. Hizo frío, viento racheado fuerza 2 con cortas rachas de hasta cinco en algunas zonas y una marejadilla a la que le venía pequeña la talla.
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La reunión de palistas se efectuó entre las 7.30 y las 9 de la mañana. A las 9.20 ya estábamos todos a bordo de nuestras embarcaciones –incluida La Viuda que, sorprendentemente, llegó a su hora -, con todo el material –y el agua y las barritas energéticas que repartió la organización- bien estibado.
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La salida fue muy desorganizada. Los primeros que se hicieron a la mar no esperaron a nadie y salieron rumbo a la isla de Benidorm, situada a 4 millas de distancia. El resto fue partiendo según se echaban al agua y hubo, quién se retrasó de manera escandalosa.
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En una travesía tan larga y con esas condiciones de meteo no se puede permitir que más de 20 palistas se disgreguen de esa forma y dar lugar a que algunos naveguen solos durante más tiempo del que hubieran deseado. En un acontecimiento donde hay que destacar la gran cantidad de barcos de apoyo, uno de ellos por lo menos se ha de dedicar a recorrer, de arriba abajo la enorme caravana que se forma, y no dejar que ningún participante sienta inquietud o llegue a sospechar que no se encuentra debidamente protegido. Parte de la culpa la tienen algunos participantes que piensan que una travesía es una carrera para ver quién llega antes sin pensar que en realidad es una reunión de compañeros, en muchos casos amigos; una buena razón para compartir una relajada forma de disfrutar del mar y de una animada conversación –algunos de nosotros solo nos vemos en este tipo de acontecimientos.
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Fuera de esto la travesía resultó espectacular. Salir con mar plato es muy cómodo pero cuando tienes olas con las que jugar disfrutas navegando, viendo como cabecea el kayak, dando pantocazos, dejándote deslizar ladera abajo en una irrepetible surfeada, gozando mientras te salpicas de mar…
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El trayecto hasta la isla fue sorprendente, olas altas y largas del este que encontraban nuestras proas dispuestas. Mientras, disfrutábamos de unas vistas únicas de la sierra de Aitana y el agreste Puig Campana cubiertos de nieve.
Una vez en la isla y después de esperar a todos los rezagados, se repartieron suculentos bocatas entre todos los participantes.
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Una vez comidos y tras un corto descanso, pusimos rumbo a la punta del Cavall, hasta donde la organización había acortado, debido al mal estado del mar y el viento, la travesía. La viuda negra, siempre inquieta desobedeció la orden y quiso arribar hasta la Isla Mitjana. Le costó llegar. La sierra helada estaba batida por olas altas, algunas de más de 3 metros, que al rebotar en el acantilado hacían la navegación difícil y peligrosa, además, cerca de la isla, el viento tenía cortas y violentas rachas que ponían en peligro la estabilidad de la embarcación.
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Ya de vuelta y nada más entrar en la hermosa bahía de Benidorm, el mar cedía su enfado y hacía placentero el regreso. La viuda fue sola, costeando, sin ver a nadie hasta el racó del Conill, donde, con inesperada alegría, se encontró con su amiga Isabel.
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Después de 4.30 horas y 17 millas recorridas dimos por disfrutada la mañana. Sobre todo cuando, después de recoger el material y relajarnos con una ducha muy caliente, nos encontramos una larga mesa llena de diverso y sabroso tapeo y, para comer, callos, magro con tomate y chuletitas con pimiento hasta inflarte. Todo regadito con fresca y espumeante cerveza y tintorro para los viciosos y refrescos sin alcohol para los abstemios – muy pocos.
Bueno, desde CSF deciros que siempre es un placer y un honor palear con vosotros.
Hasta la próxima.
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