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ELEGIR KAYAK DE MAR
 



 

¿Qué kayak de mar elegir?

Bueno, ya has visto un reportaje en televisión, has contemplado desde la orilla las evoluciones de algunos kayaks de mar, te has informado en algunas páginas web como ésta y finalmente no te puedes aguantar, acabas de descubrir una de tus vocaciones ocultas, no puedes esperar un solo día más y decides regalarte un kayak de mar.

Pronto descubres que hay más fabricantes de kayaks que de automóviles, que ofrecen una gama enorme de modelos, materiales y accesorios, que describen en sus catálogos con un montón de pictogramas “Fitness”, “Fun”, “Fishing”, “Waves” y el amarillo que a ti te gusta resulta que no es “Fishing” que es sólo “Fitness”, circunstancia ésta que te provoca cierto desasosiego. Vamos a contarte nuestras experiencias e impresiones por si te pueden ayudar a decidirte.


 



 

Primera cuestión: simple o doble.

El doble es la primera opción en que pensamos, consideraciones habituales como “saldremos mi marido y yo”, “navegaré con mis hijos”, “invitaré a mi amigo Paco” suelen terminar con un trasto enorme y pesado lleno de polvo en el garaje que no puedes manejar sólo.

Los niños no son constantes, se aburren pronto y se cansan con los adultos, como ya descubriste en tus salidas a la montaña. Los nuestros cumplieron con el ritual del estreno y nunca más se embarcaron en un kayak.
También tenemos que estar muy seguros de que nuestros cónyuges compartan nuestras aficiones. El kayak es una actividad física, un deporte algo exigente, no un pasatiempo como ir a la playa a nadar un poco, así que estar seguros de que de verdad les interesa.

Respecto a los amigos, en cuanto tengas un poco de habilidad con el kayak, aprendas a palear con ritmo y técnica, te puede resultar inaguantable invitar a navegar a principiantes, pues harás tú sólo todo el trabajo, pronto descubrirás que si paras tú de remar el kayak no avanza un centímetro y te desesperarán las paladas perdidas y constante falta de sincronismo. En un kayak doble la sintonía entre palistas es fundamental y coger el ritmo del mar y compenetrarse con el compañero no es algo que se consiga el primer día, hace falta bastante práctica para conseguirlo.

Mi mujer y yo empezamos con un kayak doble, el Rotomod Ocean Duo, un buen kayak de iniciación apto para casi todo, pues según el catálogo merecía todos los dibujitos imaginables. Aprendimos a remar a la vez desde cero, cantando eso de izquierda, derecha, izquierda, dos, unooo he dicho doos no unooo… un verano después ya nos sincronizamos bastante bien, sabía hasta cuando iba a rascarse la nariz y perder palada, que compensaba con habilidad… Otro año más y acabamos remando en kayaks “separados”, cada uno en el suyo, fin de las discusiones.

Sin embargo, con ambos palistas experimentados, un kayak doble es fantástico, pues con un 50% más de peso que uno simple lleva dos “motores” con lo que las distancias que se recorren y las velocidades que se consiguen son muy superiores. A nuestra “Viuda Negra” no hay quien la alcance. Es realmente una delicia ir charlando con el compañero y recorriendo nuestras costas.


 



 

Vale, vale, ya lo tienes claro, primera decisión tomada, ahora viene la segunda:

¿Cerrado o abierto?
Los kayaks abiertos o autovaciables, son bastante estables, algunos fabricantes atrevidos incluso dicen que “involcables”, muy fácil subir y bajar ante vuelcos inesperados o simplemente para darse un baño y refrescarse, ideales para salir a bucear o pescar.
Otra ventaja es que son fáciles de manejar y negocian bien las olas lo que aún con poca experiencia te puede sacar de algún apuro.
Sin embargo como vas desprotegido ante las olas, todo el tiempo estás mojado, con lo que su uso queda restringido a los meses de verano o a cocerte dentro de un incomodísimo traje de neopreno. Normalmente se fabrican en plásticos irrompibles y los modelos habituales suelen ser “de paseo”, es decir lentos, aunque si no tienes planteamientos muy deportivos o sólo vas a hacer salidas de un día lo disfrutarás durante mucho tiempo.

Un kayak cerrado sin embargo te permitirá navegar con un mínimo de equipo (ropa interior térmica, chubasquero y chaleco) durante todo el año ya que permaneces seco dentro de la “bañera”. En nuestro mediterráneo las “calmas de enero” son especialmente gratas de navegar. Al tener compartimentos estancos podrás transportar todo el material de acampada que quieras y hacer “expediciones” de varios días, con tu tienda, saco, esterilla, comida, etc. Una ventaja importante es que navegarás prácticamente igual con 12 que con 18 kilos de equipaje, de esta forma no tienes que ser tan selectivo cargando como cuando haces una mochila que tienes que llevar a la espalda, ya sabes la ecuación más equipo= más confort= más peso. No necesitas carísimo y sofisticado material ultraligero, el equipo de camping de hipermercado te servirá.
En el otro lado, navegar con seguridad en un kayak cerrado te obligará a aprender algunas técnicas y maniobras básicas de autorrescate, como volver a entrar al kayak en medio del mar o con mar agitada después de un vuelco.


 



 

Llegados a este punto ya tenemos tomadas dos de las decisiones más importantes, la siguiente cuestión que se nos platea es el material a elegir.
¿Plástico, fibra de vidrio, kevlar-carbono?

El plástico es la opción más económica y duradera, son prácticamente irrompibles, tienes kayak para toda la vida ¿Cuál es el pero? Pues el peso y el deslizamiento, el plástico es bastante más pesado que los otros materiales y tiene más rozamiento con el agua, con lo que es menos eficiente, es decir más lento. Además puede resultarte muy penoso cargar y descargar sólo un trasto de casi 30 kilos si no depuras la técnica.

La fibra de vidrio es mucho más ligera y desliza mucho mejor, su rozamiento con el agua es muy inferior al de los plásticos, sin embargo es frágil y un golpe contra una roca puede quebrarla o hacerle un agujero, una de las cosas que llevamos siempre encima es un rollo de cinta americana para reparaciones de emergencia, aunque no lo hemos tenido que usar en los cinco años que navegamos con nuestros kayaks de fibra de vidrio. El precio es similar o un poco más que los de plástico, en caso de roturas por golpes hay kits de reparación que puede hacer uno mismo en casa.

El kevlar-carbono ya es para nota, un capricho si te lo puedes permitir, pesa todavía menos que la fibra de vidrio, desliza igual y es muy resistente, puede aguantar algún que otro golpe. En su contra están el precio y que el calor excesivo los puede deformar, hay que tener cuidado de no dejarlos atados en la baca del coche al sol pues se pueden deformar y estropearse permanentemente.


 



 

Al kayak se suele llegar como segundo o tercer deporte, a algunos amigos que me preguntan sobre qué kayak comprar les respondo con ¿Qué bicicleta tienes?
- una de oferta del “Carrefur”: Te sirve cualquier cosa que flote, hasta una de esas piraguas hinchables que recomiendan convincentemente los trajeados vendedores del “Cortinglés,” incluso si tienes una cámara de camión con que te compres un remo…
- una con amortiguador delantero “rock-shock” y cambio Shimano LX: bueno, eso ya es una bicicleta y tú necesitas un kayak de verdad, si eres cuidadoso el de fibra te hará feliz, si sales siempre de playas de piedras o no eres especialmente meticuloso, el de plástico te dará un gran servicio durante años.
- mi bicicleta es una “Cannondale” de doble suspensión con cuadro de carbono, cambio XTR aligerado y tija de titanio enriquecido con molibdeno: Amigo, a ti no te sirve cualquier cosa, tú eres un “gourmet”, ya sabes, a por una piragua de kevlar-carbono con timón de acero inoxidable y riñonera gran lujo.
De cualquier forma, si no puedes permitirte ni te interesa un Mercedes serie Jota ¿Por qué no darte el capricho de una buena bicicleta o kayak?

Elijas lo que elijas, que lo disfrutes, bienvenido al kayak de mar.

Arturo J.