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LA CRESTA DE LA CALDERA DE TABURIENTE
 



 

La Caldera de Taburiente es un cráter erosivo de proporciones inverosímiles. Se ha desplomado por fenómenos de desgaste muy peculiares acentuados por una orografía volcánica de periodos consecutivos que han condicionado una salida muy estrecha para toda la caldera (el barranco de Las Angustias). Su forma redondeada, aparentemente caprichosa, está plenamente justificada desde el punto de vista geológico y a ella ha contribuido el taponamiento parcial de su salida por un volcán menos antiguo, convertido hoy en el pico Benejado. El desplome es brutal, con patios que alcanzan los 2000 metros. Realizamos parte de la ruta que recorre toda la espina alta de la caldera, concretamente entre el Pico de las Nieve y el Roque de los Muchachos, con el ánimo encendido por las vistas con las que esperamos exaltar nuestros sentidos.

Pero La Palma no sería La Palma sin el mar de nubes. Y ese día el mar de nubes se instaló a primera hora en alturas de 2300, y no bajó. Ni en la primera, ni en la segunda, ni en la tercera hora. En el Pico de la Cruz parecía querer entrar el sol. Pero ni en la cuarta ni en la quinta hora hubo visión. El maravilloso espectáculo que queríamos disfrutar se convirtió en una niebla que se sucedía a sí misma mientras recorríamos los cinco picos más altos de la isla: La Nieve (por cierto, extraordinariamente frío, bajo cero, con escarcha en la ropa), Piedrallana, La Cruz, La Fuente Nueva y el Roque de los Muchachos, entre 2239 y 2426 metros. Entre medio, la pared de Roberto, un muro volcánico hendido, desde el que se contempla, según dicen, la caldera en todo su esplendor.

Llegamos un poco bajos de moral hasta el Roque de los Muchachos, después de ver surgir los observatorios del Instituto de Astrofísica como fantasmas tecnológicos entre la bruma. Allí en lo alto junto al conjunto de roques (pitones rocosos de formación erosiva) que parecen jugar al corro como muchachos, pudimos ver el fenómeno del mar de nubes en pleno apogeo, en su doble vertiente. Los vientos alisios entran por el noroeste de la isla, fríos y húmedos, formando un frente contra las montañas. Se introduce por encima del límite hacia la caldera y cae, siendo detenido por la temperatura del aire en el interior. La diferencia de temperaturas crea un fenómeno de detención del mar de nubes entre 1600 y 2000 metros. Si hay mucho aire caliente en el interior se forma una ascendente que permite ver como “sale” la nube de la caldera y como llega la nube desde el noroeste. En el doble ascenso siempre domina el alisio y vuelve a llenarse. De noche, el fenómeno desaparece y el cielo es estrellado y magnífico, privilegiado lugar para la observación astrofísica. A primera hora permanece limpio, pero hacia las 9 entra el mar de nubes. Añadimos una secuencia fotográfica tomada desde el otro extremo de la isla que ilustra tan extraordinario meteoro. (8889 hasta 8893).

En sí mismo, el mar de nubes es un gran espectáculo, tanto visto desde arriba, como desde bajo. El día de nuestra marcha la ascensión térmica fue muy fuerte y alcanzó de lleno a la cresta de la caldera. Así que vimos el mar de nubes... desde dentro.

Xema Climent