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LOS PORÍS DE GARAFÍA
 



 

Los acantilados agrestes tienen aroma a aventura épica. Aquí pueden verse un magnífico ejemplo, en los denominados porís de la costa noroeste de La palma. Un pequeño recorrido que aprovecha una antigua cañada, nos conduce desde Garafía hasta Cueva de las Aguas. Discurre junto a un acantilado adornado por cuevas naturales (porís) antiguamente ocupadas por piratas y hoy reconvertidas por sus habitantes para el disfrute del mar, cercano e inmenso. En algunos de estos puntos costeros de acceso comprometido se descargaban mercancías que después eran transportadas por tierra. Algunas cuevas permitían incluso la ocultación de las embarcaciones en caso de buena mar. Todavía son usados por algunos pescadores que descienden por lugares agrestes y complicados para alcanzar el mar y lanzar sus artes de pesca.

La puesta de sol contemplada desde los porís retrotrae al silencio antiguo y primordial. Los roques marinos sugieren otra dimensión temporal, inalcanzable para los seres vivos, y recuerdan la tenacidad del mar en su lenta, antigua e incansable inquina contra la tierra. El color negro de la tierra volcánica acentúa el contenido crepuscular de las vistas con un cambio rápido y vibrante, casi un latigazo para la vista, desde el último momento de luz solar a la primera nocturnidad. El mar demuestra aquí lo que es: un titán informe, inmenso y terrible. Desafiante y atractivo a la vez. Llamada y frontera.

Xema Climent